Descrito como el “sociólogo de la antiglobalización” y el “pensador estrella de los movimientos sociales”, Boaventura de Souza Santos es, sin duda, uno de los más respetados intelectuales de izquierda. En entrevista con BBC Mundo, el sociólogo portugués analiza la situación en Venezuela.
Descrito como el “sociólogo de la
antiglobalización” y el “pensador estrella de los movimientos sociales”,
el portugués Boaventura de Souza Santos es uno de los más respetados
intelectuales de izquierda de Europa.
Su trabajo, sin embargo, trasciende
fronteras nacionales y académicas, pues además de ejercer como director
del centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coimbra es
investigador distinguido de la facultad de Derecho de la Universidad de
Wisconsin-Madison, en Estados Unidos, y uno de los principales
impulsores del Foro Social Mundial.
Y desde hace unas semanas un reciente
escrito suyo titulado “En Defensa de Venezuela” ha sido ampliamente
compartido a través de las redes sociales, especialmente por
simpatizantes del gobierno venezolano.
Aunque De Souza Santos no es el tipo de pensador dispuesto a firmar cheques en blanco a favor de ningún gobierno.
De hecho, en mayo pasado el sociólogo
portugués suscribió un manifiesto llamado a “detener la escalada de
violencia en Venezuela” bastante crítico con el gobierno de Nicolás
Maduro.
En dicho documento se califica al de
Maduro como “un gobierno con marcados rasgos autoritarios” y se hace al
Estado venezolano “el principal responsable de la situación en
Venezuela”.
Lo que no significa que De Souza Santos
le haya dado la espalda a la Revolución Bolivariana o descalifique
completamente la reciente convocatoria a una Asamblea Constituyente, por
razones que explicó en “En defensa de Venezuela” y profundiza en esta
entrevista con BBC Mundo.
Cuando escribe usted “En defensa de Venezuela”, ¿exactamente a qué o a quién está defendiendo?
Yo estoy defendiendo a las mayorías de
Venezuela, porque hasta ahora es evidente que estas mayorías se han
manifestado a favor de continuar con las políticas de inclusión social,
de mejoría de las clases pobres.
Como usted sabe, en 1998 un 60% de la
población de Venezuela vivía bajo del nivel de pobreza y hoy es mucho
menos. Claro, ahora hay una crisis de abastecimiento, una crisis
económica muy grave.
Pero hasta ahora las mayoría pobres de
Venezuela no se han manifestado en contra (del actual gobierno), a no
ser durante las elecciones (parlamentarias) de 2015, cuando ganó la
oposición, pero no por una gran diferencia.
La venezolana es una sociedad polarizada,
con diferencias. Y defender Venezuela es defender la democracia
venezolana y que las mayorías puedan manifestarse democráticamente.
Si usted mira, la oposición organiza un
referendo -aunque no tenga ninguna validad jurídica- y se habla de 7
millones, el gobierno organiza unas elecciones para la Asamblea
Constituyente y se habla de 8 millones.
Y después viene una empresa que dice que
en realidad fueron siete millones, pero lo que muestra todo eso es que
la sociedad está dividida. Y las divisiones en nuestra sociedad deben
resolverse democráticamente.
¿Pero está funcionando la democracia venezolana?
Lo que está claro es que Venezuela no es
una dictadura, porque si fuera una dictadura no se podría hacer lo que
la oposición está haciendo: quemando centros de salud, quemando
escuelas, un helicóptero que bombardea el Tribunal Supremo, la oposición
en la calle provocando todo tipo de problemas, de provocaciones.
En los medios internacionales parece que
son provocaciones del gobierno cuando es claro que no. Y sabemos que no
porque lo hemos visto antes.
Si usted vio por casualidad el reportaje
de Sky News antes de las elecciones (de la Asamblea Constituyente),
sobre lo que parecía casi una guerra civil en Caracas, acuérdese de lo
que Sky News ha hecho en Libia, en Trípoli, y también en Mosul, en
Siria, que después se verificó que eran falsedades.
Hay un intento de no mostrar la realidad
de Venezuela en los medios internacionales y por eso defender Venezuela
es defender un poco la democracia y una salida no violenta para esta
crisis, porque si hay una salida violenta los venezolanos, sobre todo,
pero el mundo en general, va a sufrir.
¿Y está usted seguro de que la
mayoría de los venezolanos apoyan al actual gobierno? Como usted mismo
recordó, la última vez que la oposición participó en unas elecciones,
las ganó…
Si, la mayoría votó a favor de la
oposición, no hay duda ninguna, pero si usted mira fue en el contexto de
una crisis. Y obviamente Maduro no es Chávez.
Sabemos también que hay problemas -nadie va a negar que hay problemas en Venezuela- y sabemos también que Maduro no es Allende.
Pero la verdad es que cuando se organizan
las elecciones en 2015 las mayorías estaban muy poco contentas con
algunos de los desarrollos de la Revolución Bolivariana, pero querían
continuar con la Revolución Bolivariana: corregirla, no eliminarla.
Por eso, cuando viene la Asamblea
Constituyente -en las condiciones difíciles que sabemos, con lugares de
voto que han sido quemados, que han sido impedidos- ocho millones de
personas se manifestaron a favor.
Me parece que la mayoría de los
venezolanos no quiere exactamente el tipo de políticas bolivarianas que
Maduro está realizando en este momento, pero quiere que siga el mismo
proyecto de inclusión social, de dar más poder a las comunas, a los más
pobres, etc.
No es eliminar del todo todas las conquistas que se lograron desde 1998. En ese sentido es que hablo de mayorías.
¿Pero cree usted que en las
condiciones que se da la Constituyente puede tomarse como un ejercicio
de democracia y sus resultados como una expresión de voluntad de las
mayorías?
Sí, es un ejercicio democrático, no de
una dictadura. Los procesos constituyentes pueden tener diferentes
composiciones, diferentes formas de elegir. Y el artículo 348 de la
Constitución establece que el presidente tiene esa prerrogativa (de
convocarla).
Ahora, yo he criticado siempre, de una
manera solidaria, algunos aspectos de la política bolivariana; no es de
hoy. Y claro, yo personalmente pienso -aunque no soy venezolano- que
habría sido mejor seguir con la Constitución de 1998, y mucha gente cree
que eso sería posible.
Hablar de que quizá la Asamblea
Constituyente no es plenamente democrática es una hipocresía, porque
realmente la Asamblea Nacional le estaba haciendo un bloqueo total a
Maduro, desde el inicio.
Pero era un proceso más simbólico
que efectivo, mientras que la Constituyente sí tiene poder: de hecho
uno de sus primeras decisiones fue destituir a la fiscal general Luisa
Ortega. ¿Cree usted que ese tipo de actos contribuyen a la confianza y
el diálogo que el gobierno dice quiere impulsar?
No. Y yo pienso realmente que hay una
polarización creciente y muy preocupante, que las dos partes están
realmente polarizando la situación.
Usted ve, por ejemplo, que ha habido
intento de dividir a los militares, intentos detrás de los que hay una
interferencia norteamericana muy fuerte, que está documentada, porque
realmente están intentando boicotear todo el proceso bolivariano de
Venezuela. Y las reacciones tampoco me parecen muy buenas, por supuesto.
Lo que me parece interesante, sin
embargo, es que la oposición ha decidido participar en las elecciones
regionales y locales que se van a realizar. Y esa es la manifestación de
una voluntad de enfrentar una votación y seguir por la vía democrática,
lo que para mí es una noticia muy buena.
Por otro lado, en Venezuela ahora tenemos
una situación de poder dual, con la Asamblea Nacional por un lado, y
también un vacío institucional muy fuerte, porque la fiscal general ha
sido echada por Maduro, o por la Asamblea Constituyente, pero ella no lo
va a aceptar.
Y todo eso crea una situación -que no es
nueva en historia, en Rusia tuvimos eso durante un tiempo en 1917- en la
que hay una división de poder en la sociedad que hace que cada vez sea
más difícil una solución vía el diálogo. Y esto no lo habíamos visto
antes en América Latina.
Lo que sí hemos visto son las sangrientas
dictaduras que vienen después, la destrucción de todo, y eso a todos
los demócratas les debe preocupar. Y por eso todos los intentos deberían
ser para fomentar el diálogo.
Lamentablemente hay gente que no está interesada en ninguna manera en el diálogo.
Y no sé si realmente no hay fuerzas
externas en este momento que están interesadas en que Venezuela, que
tiene todas las riquezas minerales del mundo, no sea realmente un país
soberano y con alguna independencia en relación a Estados Unidos, porque
sabemos que todos los otros países han sido eliminados, destrozados,
destruidos cuando tiene reservas que son considerada estratégicas para
lo que EE.UU ve como su seguridad nacional.
Y hay muchas formas de intervenir. No
podemos ser ingenuos. Después de la Operación Cóndor en el Cono Sur de
América Latina en la década de 1970 no podemos ser ingenuos: hay muchas
formas de intervenir en los asuntos de otro país.
Yo pienso que sin eso esta polarización
se podría resolver por la vía democrática. Así, no sé. Y eso me tiene
bastante preocupado.
El chavismo, sin embargo, lleva
18 años en el poder. ¿No es esa la prueba de que se está
sobredimensionando el peso de esa supuesta conspiración organizada por
Washington?
El problema no es realmente de cuántos
años está en el poder, sino si gobierna bien. Y en Venezuela hubo un
problema estructural muy claro: que Venezuela no aprovechó la bonanza
del petróleo para reconstruir un Estado históricamente rentista y muy
dependiente de EE.UU.
Porque realmente Chávez no lo cambió: no
aprovechó la bonanza del petróleo para cambiar la matriz productiva de
la economía de Venezuela. Al contrario, de alguna manera quedó todavía
más dependiente de la producción del petróleo.
Eso obviamente es un problema
estructural. Y a eso hay que sumarle el problema de la corrupción, que
no es de ahora. La corrupción era absolutamente endémica en Venezuela,
en los 70, en los 80. Era un caso de estudio…
¿Y ya no hay corrupción en Venezuela?
Claro que hay. Como lo hay en otros
países. Pero no estoy diciendo que no lo hay. El problema es el del
doble estándar, que permite por ejemplo que en Brasil la presidenta más
honesta de América Latina, que es Dilma Rousseff, fuera echada por los
políticos más corruptos de América Latina. Este doble estándar es lo que
me molesta.
¿Y dónde está el doble estándar? Es
básicamente esto: ¿estás o no alineado con las lógicas internacionales
del neoliberalismo, de privatizaciones y de entrega de recursos
naturales al mercado internacional?
Si estás a favor de esto se tolera todo,
como se tolera que en Arabia Saudita van a ejecutar jóvenes que
estuvieron en la primavera árabe, y nada pasa; o que a las mujeres les
dan latigazos porque conducen vehículos.
Para nosotros nada de eso pasa, no es
importante, y ese el doble estándar que me molesta. Pero de ninguna
manera estoy tratando de ocultar los problemas estructurales del país.
¿Pero cree usted que las preocupaciones con la calidad de la democracia en Venezuela son pura fachada?
No, yo pienso que la lucha debe ser por la calidad de la democracia. Pero, el tema es qué se entiende por democracia.
Por ejemplo, usted hoy tiene en Venezuela
una estructura muy importante que se llama el Poder Comunal, donde
además hay gente muy crítica con algunas políticas de Maduro, que están
intentando construir desde la base un poder comunal que es un poder
participativo, no necesariamente un poder representativo en términos de
democracia representativa. Pero usted sabe que hay otras formas de
democracia.
Y en Venezuela había un sistema electoral
muy sofisticado. Y a mí me sorprende que la empresa venga a decir -con
qué base no lo sé, lo que sí sé es que acaba de concluir un contrato
millonario con Colombia- que solo fueron siete millones, que no fueron
ocho millones.
Hay cosas que no entendemos y que me
causan un poco de sorpresa y de distancia por lo que he visto otras
veces en América Latina y las consecuencias son siempre las mismas: una
guerra civil, muertes, asesinatos cada vez más, y eso sería muy malo
para el pueblo venezolano y los demócratas del mundo.
¿Y no le resulta sospechosa la
unanimidad de las decisiones de la Constituyente? ¿Hasta qué punto puede
un cuerpo que toma decisiones así considerarse representativo de la
sociedad venezolana?
No estoy seguro que las cosas vayan a ser de esta manera…
Pero así ha sido hasta el momento…
Claro, pero todavía no ha empezado, por así decirlo. Vamos a ver lo que va a pasar.
Por otro lado, en Venezuela todavía hay
mecanismos democráticos muy fuertes. Cuando esta Constituyente termine
su trabajo la nueva Constitución va a tener que ser refrendada, no puede
entrar en vigor sin más, tiene que haber un referendo. Entonces los
venezolanos van a tener la oportunidad, en un referendo, de decir que
están en contra.
En otras palabras, me parece que hay
algunos mecanismos todavía existentes que nos permiten ver una salida
democrática, una salida con un mínimo de violencia -que lamentablemente
ya es grande- y con un mínimo de intervención internacional.
Vamos a ver si eso es posible, pero no
hay que desistir de esa posibilidad. Aunque, por lo pronto, las dos
partes en este momento no se están comportando de la mejor manera para
intentar un diálogo.
¿Y cree usted que la voluntad de diálogo del gobierno es legítima?
Pues no hay que olvidar que todo empezó
cuando la oposición ganó las elecciones en 2015. Ganó las elecciones
legislativas, no la presidencia, pero la primera cosa que dijo fue: ‘Hay
que destruir la Revolución Bolivariana y sacar a Maduro‘.
Es decir, las primeras declaraciones del nuevo presidente de la Asamblea son para destruir todo lo que pasó antes.
Esto no es normal. Y uno no se puede
sorprender de que los que están con el presidente o están con el
gobierno empiecen a pensar en maneras para defenderse. Y estoy feliz que
la manera que hasta ahora intentaron fuera una Asamblea Constituyente,
pues podría haber sido el recurso a una lucha armada y sabemos que en
Venezuela hay muchas armas.
Por eso, yo prefiero de alguna manera
prestigiar mínimamente la Asamblea Constituyente, preparar un referendo,
someterlo y si es derrotado, es derrotado. Y si gana, gana.
Pero hay que intentar que el proceso
siga, aunque sea al borde del caos. Estamos al borde del caos, pero
muchos países hemos pasado por esto -mi país, Portugal, pasó por lago
muy similar en 1975- y lo superamos.
Y en ese entonces se decía que tenía que
haber una intervención norteamericana en Portugal, después de la
Revolución de Abril. O sea que logramos mantener el sistema democrático.
Ahora, Venezuela no es Portugal, los países son distintos, los contextos son distintos.
Pero sigo defendiendo la posibilidad de
una salida de diálogo democrático, lo que probablemente pasaría por no
profundizar la dualidad de poder con la Asamblea Nacional, dejar
redactar una Constitución de la Asamblea Constituyente y someterla a un
referendo, y sobre todo apostar con fuerza a las elecciones regionales y
locales.
Las elecciones regionales y locales nos
van a decir lo que realmente piensa el pueblo. Y todas las informaciones
que recibo desde dentro, de gente que está con los pueblos, es que la
gente no está en contra de la Revolución Bolivariana, pero quiere comer,
quiere resolver.
Y piensa además que ha habido un boicot
durante mucho tiempo de las fuerzas oligárquicas que bloquearon el
abasto de la sociedad. Pero claro, no hay cosechas, no hay medicamentos,
no hay protección para la salud y estas cosas son insostenibles. Y la
gente no está satisfecha, para nada.
¿Pero esa situación se puede
explicar únicamente por un supuesto boicot de la oligarquía? ¿No es
también un resultado de las políticas del chavismo? ¿Puede acaso un
boicot explicar que Venezuela se haya convertido, en palabras de Ricardo
Hausmann, en “el país más endeudado del mundo”?
Venezuela No es el país más endeudado, el
país más endeudado es Estados Unidos: US$23 billones de deuda pública.
No lo es ni en términos absolutos, ni en términos relativos. El tema es
que EE.UU. puede imprimir los billetes que quiere y el valor del dólar
se mantiene…
Pero la venezolana es una deuda significativa…
Sí, es importantísima. Y no le voy a
decir que el boicot es la única causa (de la crisis económica de
Venezuela). No hay causas únicas en esto. Y hay errores. Yo no estoy
intentando de ninguna manera defender que el pobre Maduro es una víctima
inocente de toda la oposición. No es so.
El tema es que, si hay errores, en una
democracia qué se hace: es derrotar. Y por eso empezó en 2015 la derrota
de algunos errores de la Revolución Bolivariana.
Pero, ¿qué pasó después? Que el que ganó
las elecciones (legislativas) decidió que la única manera de poder
conquistar y hacer valer su victoria era destruir la Revolución
Bolivariana y no corregirla.
Ese es el problema hoy. Esa es la causa
de la polarización. Porque cuando se piensa no hay que corregir los
errores sino destruir entonces hay que hacer algo más radical.
Fue así en Brasil: tuvo que ser un golpe.
Porque si únicamente se hubiera tratado de corregir los errores de Lula
-que eran muy grandes y que los critiqué a su debido tiempo- se hubiera
podido encontrar una solución democrática, esperar a las próximas
elecciones y derrotar ahí a Dilma Rousseff. Pero la oligarquía estaba
impaciente y produjo un golpe.
Yo pienso que en Venezuela eso es lo que
va a pasar. O puede pasar. Porque los mecanismos democráticos que
todavía existen, están muy frágiles y exigirían grandes líderes o la
protección de instituciones como Celac y Unasur, que si estuvieran
fuertes podrían intervenir y decir “Amigos, vamos a intentar salvar lo
más importante”.
Pero eso es lo que está ausente en estos
momentos y hay culpas de todos los lados. Y para mí lo importante es
mantener una estructura democrática, porque el resultado, va a ser
terrible. Y eso es lo que no podemos tolerar.
¿Es usted optimista o pesimista?
En este momento soy cada vez más
pesimista, porque todos los días que pasan veo que las posibilidades de
diálogo son cada vez menos y veo que la presión internacional, la
presión de EE.UU., está creando una situación que básicamente quiere
producir un golpe.
Pero, además, la oposición está muy dividida. Está unida simplemente para destruir la Revolución Bolivariana pero para nada más.
¿Entonces qué vamos a tener después? Una
gran incertidumbre, quizá mucha violencia y un retroceso total de las
conquistas sociales.
Original de: http://www.semana.com/mundo/articulo/boaventura-de-souza-santos-defiende-la-revolucion-bolivariana/536431
Disponible en: https://urielcastellanos.wordpress.com/2018/01/04/boaventura-de-souza/

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